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Frase Animal De La Semana

"Sabias que el 70% de los PERROS y Gatos del MUNDO son CALLEJEROS..?Con tanta poblacion callejera, todavia piensas en comprar uno de raza..?No presumas tener uno de raza, PRESUME HABER ADOPTADO AL QUE TE NECESITABA!!!!!!"
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jueves, 24 de marzo de 2011

Un Elefante Ocupa Mucho Espacio

Autora: ELSA BORNEMANN


Que un elefante ocupa mucho espacio lo sabemos todos. Pero que Víctor, un elefante de circo, se decidió una vez a pensar "en elefante", esto es, a tener una idea tan enorme como su cuerpo... ah... eso algunos no lo saben, y por eso se los cuento:
Verano. Los domadores dormían en sus carromatos, alineados a un costado de la gran carpa. Los animales velaban desconcertados. No era para menos: cinco minutos antes el loro había volado de jaula en jaula comunicándoles la inquietante noticia. El elefante había declarado huelga general y proponía que ninguno actuara en la función del día siguiente.
-¿Te has vuelto loco, Víctor?- le preguntó el león, asomando el hocico por entre los barrotes de su jaula. -¿Cómo te atreves a ordenar algo semejante sin haberme consultado? ¡El rey de los animales soy yo!
La risita del elefante se desparramó como papel picado en la oscuridad de la noche:
-Ja. El rey de los animales es el hombre, compañero. Y sobre todo aquí, tan lejos de nuestras selvas...
- ¿De qué te quejas, Víctor? -interrumpió un osito, gritando desde su encierro. ¿No son acaso los hombres los que nos dan techo y comida?
- Tú has nacido bajo la lona del circo... -le contestó Víctor dulcemente. La esposa del criador te crió con mamadera... Solamente conoces el país de los hombres y no puedes entender, aún, la alegría de la libertad...
- ¿Se puede saber para qué hacemos huelga? -gruñó la foca, coleteando nerviosa de aquí para allá.
- ¡Al fin una buena pregunta! -exclamó Víctor, entusiasmado, y ahí nomás les explicó a sus compañeros que ellos eran presos... que trabajaban para que el dueño del circo se llenara los bolsillos de dinero... que eran obligados a ejecutar ridículas pruebas para divertir a la gente... que se los forzaba a imitar a los hombres... que no debían soportar más humillaciones y que patatín y que patatán. (Y que patatín fue el consejo de hacer entender a los hombres que los animales querían volver a ser libres... Y que patatán fue la orden de huelga general...)
- Bah... Pamplinas... -se burló el león-. ¿Cómo piensas comunicarte con los hombres? ¿Acaso alguno de nosotros habla su idioma?
- Sí -aseguró Víctor. El loro será nuestro intérprete -y enroscando la trompa en los barrotes de su jaula, los dobló sin dificultad y salió afuera. En seguida, abrió una tras otra las jaulas de sus compañeros.
Al rato, todos retozaban en los carromatos. ¡hasta el león!
Los primeros rayos de sol picaban como abejas zumbadoras sobre las pieles de los animales cuando el dueño del circo se desperezó ante la ventana de su casa rodante. El calor parecía cortar el aire en infinidad de líneas anaranjadas... (los animales nunca supieron si fue por eso que el dueño del circo pidió socorro y después se desmayó, apenas pisó el césped...)
De inmediato, los domadores aparecieron en su auxilio:
- Los animales están sueltos!- gritaron acoro, antes de correr en busca de sus látigos.
- ¡Pues ahora los usarán para espantarnos las moscas!- les comunicó el loro no bien los domadores los rodearon, dispuestos a encerrarlos nuevamente.
- ¡Ya no vamos a trabajar en el circo! ¡Huelga general, decretada por nuestro delegado, el elefante!
- ¿Qué disparate es este? ¡A las jaulas! -y los látigos silbadores ondularon amenazadoramente.
- ¡Ustedes a las jaulas! -gruñeron los orangutanes. Y allí mismo se lanzaron sobre ellos y los encerraron. Pataleando furioso, el dueño del circo fue el que más resistencia opuso. Por fin, también él miraba correr el tiempo detrás de los barrotes.
La gente que esa tarde se aglomeró delante de las boleterías, las encontró cerradas por grandes carteles que anunciaban: CIRCO TOMADO POR LOS TRABAJADORES. HUELGA GENERAL DE ANIMALES.
Entretanto, Víctor y sus compañeros trataban de adiestrar a los hombres:
- ¡Caminen en cuatro patas y luego salten a través de estos aros de fuego! ¡Mantengan el equilibrio apoyados sobre sus cabezas!
- ¡No usen las manos para comer! ¡Rebuznen! ¡Maúllen! ¡Ladren! ¡Rujan!

- ¡BASTA, POR FAVOR, BASTA! - gimió el dueño del circo al concluir su vuelta número doscientos alrededor de la carpa, caminando sobre las manos-. ¡Nos damos por vencidos! ¿Qué quieren?
El loro carraspeó, tosió, tomó unos sorbitos de agua y pronunció entonces el discurso que le había enseñado el elefante:
- ... Con que esto no, y eso tampoco, y aquello nunca más, y no es justo, y que patatín y que patatán... porque... o nos envían de regreso a nuestras selvas... o inauguramos el primer circo de hombres animalizados, para diversión de todos los gatos y perros del vecindario. He dicho.
Las cámaras de televisión transmitieron un espectáculo insólito aquel fin de semana: en el aeropuerto, cada uno portando su correspondiente pasaje en los dientes (o sujeto en el pico en el caso del loro), todos los animales se ubicaron en orden frente a la puerta de embarque con destino al África.
Claro que el dueño del circo tuvo que contratar dos aviones: En uno viajaron los tigres, el león, los orangutanes, la foca, el osito y el loro. El otro fue totalmente utilizado por Víctor... porque todos sabemos que un elefante ocupa mucho, mucho espacio...

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Un Cuento de Navidad: NERA, UN AMOR CON CUATRO PATAS



------Román, un señor mayor, vivía solo en un pequeño pueblo. Su mujer flotaba en el distante ayer desde que abandonó la vida, y Marga, la única descendiente, luego de casarse estableció residencia en una población cercana.

------Dos años atrás, Marga le regaló al padre una perrita (que fuera abandonada y ella recogió en un camino), a fin de que lo acompañara en su soledad. Por el color del pelo Román la llamó Nera (negra, en italiano).
------Román y Nera se tornaron inseparables. El vecindario poco tardó en habituarse a verlos pasar, enredados en largos paseos, y trocando miradas repletas de mensajes que sólo ellos entendían. La perra lo besaba en la cara y él le decía:
-------¡Nunca te dejaré!
------Román era feliz, Nera era feliz.



------Sin embargo, la quebrantada salud del hombre le daba sustos cada vez más frecuentes; preludiando el desembarco de la parca presta a bajarle el telón de la existencia. Y cuando eso ocurriera, ¿qué iba a pasar con su perrita?

------Un amanecer el pecho le jadeaba y el cuerpo no respondía. Una imprevista debilidad asociada a mareos conducente a las ansias de vómito, lo llenaban de un malestar general. Unos vecinos lo trasladaron al hospital más cercano. Fue ingresado de urgencia. Al mediodía Marga acudió a verlo. Su padre hallábase muy mal.
-------Hija, llévate a Nera. No quiero que se quede sola.
-------Pero papá, no va a pasar nada. Te curarás y todo seguirá igual.
------Marga accedió al pedido paterno. La llevó con ella, y la dejó al cuidado de un pariente del esposo.

------Nera se sintió sola. ¿Quién era aquella gente? ¿Por qué la habían traído a este sitio desconocido? ¿Dónde estaba Román?



------Un lánguido atardecer Román cayó vencido. Como un pétalo desmayado murió en la cama del hospital. Sus días se apagaron de repente, esquivando el feo trago del sufrimiento. Se marchó sin que el dolor físico le alterara la calma.

------Nera ignoraba que el amigo habíase ido de este mundo.

------Debajo de un añoso árbol enterraron a Román. En el cementerio del pueblo se quedó para siempre. Una tumba de aspecto humilde, fijó el punto en el que la tierra guardaba su adiós. El otoño ya le cedía el turno al invierno.

------Al despuntar el alba, Nera emprendió la huida. En silente retirada atravesó varias calles y tomó la carretera. Anduvo sin pausa bajo el tibio sol matinal. El cuerpo le vibraba con las ráfagas de viento producidas por el paso de los vehículos.
------Enhebrando claridades y sombras, soledad y mutismo, recorrió unos cuarenta kilómetros sin otra meta que el deseo de llegar. Román la esperaba. Derribando distancia de ríspido asfalto consumió el trayecto.
------Al entrar en la población que tan bien conocía, la noche desplegaba las negras cortinas del paréntesis nocturnal. Nera se dirigió a la casa.







------Puertas y ventanas lucían cerradas. Ninguna luz, ningún rumor. La vivienda respiraba en manos de la mudez, parada en un bostezo de acongojado reposo. Un enigmático halo la cubría con una pegajosa sensación de desierto. La solitud ganaba terreno, e íbase apropiando de los espacios ya rendidos. ¿Román dormía o salió a dar un paseo? Nera decidió echarse en la puerta. Pronto el cansancio llamó al sueño, y el sueño cristalizó en descanso.
------La entrante mañana llegó envuelta en un sol macilento, desganado, como si el planeta parpadeara vencido. ¿Román no regresó?

------La perra rumbeó al parque que ambos solían ir, y donde el amigo la soltaba y ella corría dichosa. Román se reía. Ella, entre carreras y revolcones, enlazaba su alegría a la satisfacción de él.
------Erró por el parque entero y nada; a Román no se lo veía. Otros perros, compañeros de juegos en días más felices, vinieron a su encuentro. Las personas conocidas, al acariciarla, la regaban con miradas de tristeza. Nera no entendía el matiz ni el motivo.
------Deambuló todo el día por el pueblo buscando al amigo del alma.

------La tarde ya se sacudía la luz en vuelo de despedida, y el crepúsculo que manejaba el pincel del instante, iba pintando el firmamento con un velo escarlata. El rúbeo resplandor de incendio agotado, se desplegaba en la amplia superficie. A Nera el aterrizaje de las tinieblas no la espantaron. Tenía hambre, tenía sed. ¿Dónde estará Román?
------La casa continuaba igual a un cofre sellado. Sólo el vacío se movía. La vida desapareció por la brumosa abertura del pasado. El amor que allí tarareó mil latidos, era el marco de la desolación.
------Se durmió debajo de un coche.

------Las jornadas pasaron acarreando otras jornadas, y ella en el estéril rastreo, sin ceder al desánimo que arreciaba desde el confín de la tentación. Solamente la nada respondía a su desvaído mirar.
------La pobre comía lo que encontraba y bebía en un charco.



------Aparecieron flamantes días con idéntico resultado; ausencia. La figura de Nera perdió elegancia, los huesos le dibujaron la estructura, y su caminar era un encaje de movimientos enrevesados. Las personas captaban el drama y se entristecían al verla cruzar. Unos intentaron ganarse su confianza, otros quisieron recogerla a fin de darle un nuevo hogar. Pero ella no transigía. Meneando la cola cual bandera de agradecimiento, se marchaba en aras de la callada búsqueda. Entretanto, el debilitamiento íbale minando las fuerzas, y el temblor de sus ojos transmitía gritos de angustia.

------Otros perros la atacaban y Nera no se defendía. ¿Cómo hacerlo cuando en ella sólo anidaba el amor? Los niños la perseguían tirándole piedras, y uno le pegó una patada que la perrita respondió con gemidos de dolor.

------Arribó el invierno, y con el invierno la Navidad asomó el rostro. La gente diseñaba la noche más familiar del año. Todo desprendía colores, y los cantos navideños brotaban por doquier.
-------¿Qué será la Navidad? -preguntábase Nera- Veo niños con otros perritos en los brazos, y juegan con ellos como si fueran juguetes nuevos. ¿Serán los regalos de Navidad?

------Atrapada en el tejido de la memoria, sumida en la niebla de la descolorida realidad, Nera insistía en inmolarse en el ayer perdido. El sol se alternaba con la luna, y la perra sola, con el afán plantado adelante y el miedo empujando de atrás. Román vivía en la hondura de su mente, y una promesa con dulces palabras le resonaba sin sonido:
-------¡Nunca te dejaré!
------La inquietante soledad, el temor persistente, y los ruidos asustadores, la escoltaban en la inquebrantable marcha. ¿Por qué Román no volvía?

------La nochebuena recaló trayendo estridencias. Las familias consumieron copiosas cenas, y entre largos brindis intercambiaron deseos de felicidad.

------En el cielo fulgían las chispas sempiternas, a ras del suelo el frío azotaba sin prudencia ni proporción.
-------¿Y este olor? ¡Es el olor de Román! -repetía Nera al tiempo que afinaba el olfato.

------Vino la hora de las despedidas, y la invitación a retornar cada cual a su casa, hacía sentir la llamada.

-------¡Sí, huele a Román!
------En la quieta opacidad avanzó guiada por el empellón olfativo.



------El alcohol se alzaba como el dueño del momento, y las risas estremecían el nocturno sosiego. La gente desmarcábase de las reuniones, y emprendían el regreso a la tibieza hogareña.

-------¿Y esas luces? ¿Por qué esas luces vienen hacia mí?
------Las luces iban agrandando el tamaño en la medida que se aproximaban. De súbito enmudecieron las voces. Parecía que la vida habíase detenido. Nera procuró escapar a los faros precursores del vehículo, pero la rapidez motorizada… ¡Sintió un duro golpe! Su doloroso aullido, le puso música a la fuga del coche conducido por el exceso de alcohol.
------La perrita quedó pataleando en el empedrado. Encogiendo y estirando al cuerpo en un intenso tiritar. Un amago de muerte la estremecía. El dilatado amplexo de la oscuridad la bañó con una marejada de silencio. Desde el techo de la noche las estrellas miraban compungidas.
------El sufrimiento era atroz, hallábase presa de la desesperación. Mas, ¡debía seguir! El olor que alumbraba una dirección mantenía la espera. Se incorporó como pudo. La endeblez la atenazaba y las patas traseras no respondían. Un hilo de sangre le manaba de la boca. El costado le dolía por la rotura de una costilla. Empujada por el olfato, y con el espanto cavando hondo, se arrastró. Aunque se le partieran los huesos le urgía continuar. La oscuridad que revoloteaba con alas de cristal ahumado, la secundó en el martirizante esfuerzo.

------A la mañana siguiente, 25 de diciembre, día de Navidad, hallaron a Nera muerta sobre la tumba de Román. El viento helado la envolvía con un cruel abrazo. Todo era paz. Román y Nera ya estaban juntos. En el hueco matinal se oía el vuelo de una frase:
-------¡Nunca te dejaré!


RICARDO MUÑOZ JOSÉ